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cropped-100_0753.jpgRuta Cero es el diario de mis viajes, en palabras e imágenes.
No me agradan los viajes prearmados, prefiero moverme por mis propios medios, mantenerme en contacto con la gente de verdad, aquella que me haga conocer -en el sentido más auténtico de la palabra- el lugar que visito.
Prefiero una mochila a la valija con rueditas, y el ómnibus o el tren al avión; aunque muchas veces no existe otra alternativa más que volar.

En octubre de 2008 viajé a Bolivia. Fueron solo quince días; pero quince días intensos donde no solo pude “conocer lugares” (no todos lo que quería, me faltaron por lo menos diez días más), también conocí gente.

Y ésto último es lo importante. Todo viaje es de alguna forma iniciático, y la posibilidad de entrar en contacto con la gente del lugar (y de otros lugares) es lo que nos permite crecer. Crecer culturalmente, conocer desde adentro otras sociedades, costumbres, estilos de vida, tipos de comidas. Los paisajes son la excusa para movernos de un lado a otro, pero lo que importa es la gente con la que nos cruzaremos. Puedo nombrar a muchos: Amanda, una geóloga brasilera por quien desistí de viajar a Coroico y permanecí en La Paz; Richard, mitad inglés mitad francés, y desde el viaje a Uyuni un gran amigo; Mary Anne, Ruth y Grace, tres amigas de Manchester con quien solía tomar meriendas bien regadas con vino tinto y cerveza, y que la primera palabra en “argentino” que aprendieron fue resaca
Y la lista sigue, pero lo mejor es que cada uno de ustedes descubra Bolivia a través de lo que cuento y muestro.

Hasta el próximo viaje, en octubre de éste año. El plan es Bariloche, El Bolsón, Lago Puelo, Cholila y Trevellin.

La foto en la cabecera son las vías que unen Uyuni, en Bolivia, con San Pedro de Atacama,
en Chile.
Originalmente fueron tendidas para transportar la sal que se explotara
en el salar de Uyuni, pero nunca se utilizaron
y hoy son parte del paisaje del cementerio de trenes.
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