Ruta Cero

viajando se conoce gente

Día Cero

Publicado por Daniel Battiston en 19/10/2008

Son las diez de la noche y estoy a poco más de tres horas de subirme al primer micro, aquel que me llevará a Buenos Aires.
Siempre me gustó comenzar los viajes largos de noche. Todo viaje es descubrimiento y misterio, y la noche es eso mismo: sorpresas ocultas tras el velo de la distancia que esperan ser descubiertas por el viajero. Me vienen a la mente dos de los viajes literarios que más me sacudieron, El corazón de las tinieblas y El Señor de los Anillos. En el primero, Marlow comienza su relato a la hora del crepúsculo; cuando el día comienza a morir y la noche cubre al mundo de oscuridad y misterio.
En El Señor de los Anillos, el periplo de los hobbits escapando de La Comarca se inicia a escondidas, durante la noche. Y a poco de comenzar el relato del viaje, Tolkien plantea una situación que nunca leí en ninguna crónica de viajes: los hobbits llegan al extremo de un campo. Pero éste no es un límite cualquiera, ninguno de los cuatro había estado más allá de ese punto; el final de la granja era, también, el límite del mundo conocido por ellos, más allá todo sería misterio y descubrimiento: el momento donde el viaje comenzaba en realidad.

En poco más de tres horas subiré a un ómnibus que me llevará a Buenos Aires, y de allí -horrenda terminal- me

Terminal de ómnibus de Mar del Plata - Ésta es la galeria sobre la calle Sarmiento

Terminal de ómnibus de Mar del Plata - Ésta es la galería sobre la calle Sarmiento

embarcaré hacia el límite de mi mundo conocido. Mi extremo norte es Humahuaca, hasta ahora nunca tuve la oportunidad de ir más allá, y el próximo martes por la mañana cruzaré esa barrera invisible que separa mi mundo conocido de aquel que busco descubrir en los próximos quince días.

Acabo de decir que la terminal de ómnibus de Retiro es horrenda, bueno… la de Mar del Plata no le va en zaga. Como toda estación tiene un aspecto decadente y convulsionado; baños con olor a orín; mugre por donde se mire; y gente extraviada en sus paisajes privados. Gente que camina derrotada por el sueño en la madrugada, arrastrando valijas, o nada más sentada. Sentada en bancos de madera o cemento, sobre maletas con rueditas o mochilas; gente fumando; gente conversando con otra gente, en voz baja, como si temieran quebrar un hechizo; o simplemente adormilada aguardando a que anuncien el ómnibus que los llevará a lugares que desconozco. Un lunes a la madrugada la terminal de Mar del Plata se mostrará semejante a un palacio dormido, y nosotros estaremos de paso, cruzando el hall de espera, tomando por asalto los bares baratos junto a las dársenas, consumiéndonos en tabaco, café, y en la ansiedad por alejarnos de allí.

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