Tres días en 4×4
Publicado por Daniel Battiston en 26/10/2008
El jueves a las once de la mañana empezamos el viaje por tres días en 4×4. El salar de Uyuni es sólo una parte pequeña de todo el recorrido. Ese mismo día mientras desayunaba con Cristian en un café frente al hostel, conocimos a Richard; un inglés que trabaja para la General Motors; vivió en Paris durante dos años donde aprendió a hablar castellano, por lo que lo habla con acento francés; y que actualmente vive en Alemania; y con quien terminé siendo amigo. En la camioneta que nos llevaría, conocimos a Mary Anne, Grace y Ruth; tres chicas de Manchester, irremediablemente “enamoradas” de Tévez.
En éste momento Mary Anne, Grace y Ruth deben estar camino a Tupiza; Cristian viajando a Potosí, y Richard ya debe haber llegado en San Pedro de Atacama
Día 1: Empezamos por el cementerio de trenes, un descampado donde descansan los restos de trenes los trenes de carga usados a principios del siglo XX para transportar la sal. Actualmente la explotación se realiza de forma artesanal, sólo para el consumo interno de la región. Y de allí a una de las tantas plantas artesanales donde se muele y embolsa la sal. La misma ya contiene, de forma natural, flúor, yodo, y otros minerales esenciales.
Luego sí: Entramos al salar. Decir que es una planicie perfecta, absurdamente blanca, donde su perfección sólo se ve alterada por las islas que cada tanto quiebran la superficie, es decir demasiado poco. El lugar parece escapado de algún sueño de Dalí o Tanguy; la superficie exterior tiene unos diez centímetros de espesor, y es tan dura como el cemento. Debajo de esta capa se encuentra la sal que es extraída, contiene un alto porcentaje de agua, lo que la hace muy manejable.
El primer lugar que visitamos es uno de los tantos hoteles de sal, en realidad son hospedajes, no hoteles, construidos con bloques de sal. En éste hotel, uno de los tantos que hay en el mismo salar y en los alrededores, funciona un museo con esculturas talladas en sal.
Al mediodía llegamos a la Isla del Pescado, una isla que emergía en lo que alguna vez fue el lago salado que hace 10000 años se secó para dar nacimiento al salar: 12000 kilómetros cuadrados y 9 metros de espesor de sal de extrema pureza.
La Isla del Pescado es una zona protegida, por lo que debe abonarse una tasa como derecho de entrada, esto es aparte del tour, y sale Bs15 (u$u 2,14) Sólo es posible seguir un sendero ya delimitado y no está permitido a ningún visitante salirse de él. La isla es una colección increíble de rocas de origen volcánico y cardones, algunos de los cuales tienen cerca de 900 años de edad. Aquí es donde tuvimos nuestro primer almuerzo
El primer día lo terminamos en un hotel de sal en San José. La merienda fue cerveza y vino tinto junto a las chicas de Manchester, Richard y Cristian. Luego cenamos y a dormir.
Día 2: Desayuno y partimos hacia una serie de formaciones rocosas, que emergen de la arena. La más conocida de ellas es la que llaman el árbol de piedra.
Luego seguiríamos hasta la laguna de los flamencos. Desde allí continuamos una ruta que nos llevaría a recorrer una serie de lagunas: la blanca, donde almorzamos; la Laguna Hedionda, que tiene ese nombre por la gran cantidad de emanaciones de azufre que hay en el lugar, lo cual hace que el aire sea nauseabundo.
Y al fin llegamos a Laguna Colorada, un parque nacional (Bs30 ó u$s4,30) donde haríamos noche. La laguna es uno de los lugares más extraños que pude ver en lo que va del viaje: la superficie va cambiando de color, roja (de donde recibe su nombre) azul oscuro, verde y hasta negro.
Nos alojamos en un hostal cercano a la laguna, cenamos, jugamos a las cartas, y todo el mundo se fue a dormir temprano: el sábado había que levantarse a las 4,30.
Día 3: Nos obligaron a preparar las mochilas y salir cuanto antes. No eran las 5 de la madrugada que ya estábamos en viaje.
El primer destino fueron los geisers. Un paisaje que bien podría ser el mismo infierno si no hubiera sido por los cinco grados bajo cero de temperatura. El agua hirviente emerge a la superficie a través de piletones de barro burbujeante, junto a gases y vapor. El decorado ideal para cualquier pesadilla.
Y muy cerca de allí los baños termales. Quitarse la ropa, y solo en malla zambullirse al piletón de agua termal a unos 36º. El perfecto relax luego de más de dos días sin bañarme. Desayuno (el mejor de todos en el viaje) y encaramos hacia la Laguna Verde, en el límite con Chile y a casi 5000 msnm.
Desde allí al cruce fronterizo con Chile, donde algunos (entre ellos Richard) hicieron la combinación con un minibus hacia San Pedro. El resto de regreso a Uyuni.
Busqué un hostel para poder dejar las mochilas y bañarme. A las 20 salí en micro hacia La Paz (quizás lo peor que me ha pasado en ésta semana) Y ahora, domingo 26 de noviembre, a las 13,15 hora de Bolivia, estoy escribiendo esto en Copacabana, a las orillas del Lago Titicaca. Pero esto ya es otra historia.
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