Llegando a Copacabana
Publicado por Daniel Battiston en 27/10/2008
Luego de un viaje horrendo en ómnibus llegué a las siete de la mañana a La Paz, previo transbordo en Oruro. Desde la terminal de La Paz, tomé un taxi hasta la salida de los buses hacia Copacabana, frente al cementerio. La Paz es cualquier cosa menos pácifica: el tránsito es por completo endemoniado; no existen colectivos como los conocemos en Argentina, los transportes públicos son minibuses que no tienen un número o color que los identifique, son todos blancos; aparte del chofer va un acompañante asomado por la puerta que va voceando hacia que lugar se dirige, y el pasajero debe subirse como pueda, sin que el minibus pare, incluso en medio de una avenida con un transito salvaje. Lo mismo ocurre para bajarse. Las calles son una sinfonía de frenadas, bocinazos permanentes, y pequeños embotellamientos.
El trayecto de La Paz a Copacabana es de unas tres horas. Buena parte del viaje se realiza por un valle rodeado de montañas; hasta llegar al lago. Entonces se debe cruzar en lancha -los pasajeros por un lado, el minibus por otro- y comienza lo mejor del viaje, un largo trayecto de unos cuarenta y cinco minutos por camino de cornisa hasta llegar a Copacabana. El viaje es increíbe, el único problema es mi vértigo: transitar a 70 Km/h, al borde de barrancos de hasta unos 300 metros de altura me puso al borde de la descompostura, en verdad no entiendo como no vomité.
Pero la experiencia valió la pena. Copacabana es uno de los lugares más bellos que conocí. Todo parece ocurrir en cámara lenta, como si el tiempo no existiera. Sospecho que es el lugar ideal como para quedarse a vivir un mes al año, cargar las pilas, y luego seguir como si nada hubiera pasado.
Continuará…
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