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Copacabana: entre el amor y el odio

Publicado por Daniel Battiston en 29/10/2008

Llegué a Copacabana el domingo al mediodía después de un viaje de poco más de tres horas desde La Paz.

Luego de almorzar una de las mejores hamburguesas caseras que comí en mi vida, salí a dar un paseo por el pueblo. Tranquilo, calmo, un lugar donde todo parece transcurrir en cámara lenta. Por supuesto el primer lugar que visité fue la basílica de Nuestra Señora de Copacabana. La virgen de Copacabana es la patrona de Bolivia, y aquí se encuentra resguardada la imagen original que data de 1583.
La virgen se encuentra sobre el altar principal, una joya del barroco americano tallada en madera y recubierta en pan de oro. Detrás de la basílica se accede, por una entrada independiente, a la capilla de las velas. Es un largo y angosto pasadizo de techos altos pintado de negro mate. A lo largo de la capilla hay tres mesas de cemento donde los feligreses dejan velas encendidas pidiendo favores o dando las gracias a la virgen de Copacabana, cuya imagen vuelvo a encontrar sobre el pequeño altar, en el extremo de la capilla.

Y seguí mi viaje por el pueblo: calles angostas, ferias de artesanías y comestibles en cada calle lateral que cruzara, hasta volver a la avenida que bordea el lago -quizás el azul más intenso que haya visto alguna vez- Sin querer llego a un restaurante junto a la playa, en una de las terrazas veo una mesa larga con unas veinte personas desde donde llega una chacarera. Curioso me acerco. Eran una chica y un chico de Corrientes que estaban tocando para un grupo de bolivianos. Me quedo escuchando, y uno de los bolivianos me invita con un vaso de vino, que por supuesto acepto. Todavía no tenía el vaso en la mano que ya me invitan a compartir la mesa. Me cuentan que representan a Tarija en una reunión de transportistas independientes, sindicatos, y cooperativas de transporte, que finalizó ese día. Ese era su ultimo almuerzo y ya estaban regresando a Tarija. El vino corre y no pasa mucho tiempo hasta que ya soy parte del grupo. Saber que soy argentino los predispone bien, muchos de ellos trabajaron en Argentina durante bastante tiempo, como albañiles o choferes, y tienen el mejor recuerdo; incluso uno de ellos me dice que cada vez que escucha el himno o ve la bandera argentina, se siente tan emocionado como con el himno y la bandera boliviana.
Mientras el vino pasa de mano en mano me enseñan que no es bueno tomarlo de una: primero debe derramarse un chorro sobre la tierra, en muestra de gratitud a la Pachamama, entonces sí podré tomar el resto. Esta tradición me enseña un chofer que actualmente es diputado nacional por Tarija, y que según cuenta tiene una relación de amor-odio con Evo Morales: si bien su partido apoya a Evo, mantiene una actitud crítica (en el mejor sentido, me cuenta) hacia el oficialismo.
El resto del día está por completo perdido. Vuelvo alrededor de las cinco de la tarde al hotel completamente borracho, y me quedo dormido.

El lunes me dedico a seguir caminando al pueblo. Por la mañana asciendo al Monte Calvario (4100 msnm) y por la tarde al otro cerro importante del lugar, el de la Horca del Inca. En éste lugar, originalmente un observatorio astronómico inca, los españoles ahorcaron al último inca en Bolivia. Por lo visto este lugar tiene mucha historia.

El miércoles hice el viaje por el que todos llegan a Copacabana: llegar en lancha hasta la Isla del Sol y recorrerla a pie desde la punta norte a la sur.
El viaje es mucho más barato de lo que imaginé (Bs 20 = u$s 2,90), pero al llegar a la isla empiezan a cobrarte una serie de extras que en la agencia no te dicen que hay que pagar: Bs 10 por el ingreso a la parte norte y otros Bs 5 por el ingreso a la parte sur.  Pero esto no es lo peor, a mitad del camino (de una punta a la otra) nos cobraron otros Bs 5, éstos supuestamente eran el arancel para el ingreso a la zona sur: por supuesto era por completo trucho, una estafa. No es el hecho de los cinco bolivianos, porque en verdad son monedas, pero jode y mucho que te estafen de esa forma. De todos modos el trayecto es increíble y hay que hacerlo.

ATENCIÓN A QUIENES HAGAN EL VIAJE A LA ISLA DEL SOL: el bono de Bs 10 se cobra en una oficina al ingresar a la parte norte de la isla. El VERDADERO bono para ingresar a la zona sur es uno de color blanco; el otro, el trucho, el que te quieren cobrar a mitad del camino, EL QUE NO HAY QUE PAGAR, es de color verde.

Qué me queda como balance de Copacabana? Es el lugar ideal para vivir quince días al año y desentenderse de todo los problemas y lios que te persiguen durante los otros 350. Estoy odiado por la falta de respeto hacia el turista, queriéndole robar de a moneditas, cobrando cosas por cobrar.
Y no hablo sólo por lo de la Isla del Sol, acá va otro ejemplo: en tres lugares diferentes me cobraron un atado de Marlboro box a tres precios diferentes:  Bs 8,  Bs 10 y Bs 12; un auténtico delirio.

Por supuesto más allá de estas zonceras que cuento, es un lugar que hay que conocer.

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