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Algunas cosas sobre La Paz

Publicado por Daniel Battiston en 30/10/2008

Antes que nada: a La Paz la amás o la odiás.
La ciudad no acepta la medias tintas, porque ella misma es una exageración en todo.

La Paz está fundada sobre un valle atravesado por tres ríos que en la actualidad corren bajo la superficie de la ciudad. Pero fue creciendo y ahora se extiende sobre las laderas de los cerros que la rodean; uno puede ver a lo lejos, desde el centro, las laderas cubiertas de casitas que están literalmente colgadas sobre la nada. Las calles siguen la topografía del valle y los cerros; son estrechas, en algunas las veredas son inexistentes -de unos 40 cm de ancho- se retuercen como serpientes de un modo enloquecedor, ninguna mantiene una línea recta por mas de dos o tres cuadras.
Tanto las veredas como las calles están cubiertas de gente que va y viene como hormigas dementes, algunas al paso lento típico de las cholas, otras corren enloquecidas al mejor estilo yuppie porteño aferradas a un attache y a un celular 3G.
Las veredas están invadidas por puestos donde uno puede comprar lo que se le ocurra -un ejemplo: no pude conseguir el shampoo anticaspa que uso en ninguna farmacia o perfumería, pero sí en un puesto callejero a media cuadra del hostel- comida; pilas; rollos fotográficos; talonarios de recibos, pagarés, etc; ropa; accesorios para celulares; artículos de limpieza y perfumería; incluso tienen teléfonos fijos conectados a un tarifador para poder realizar llamadas como desde un locutorio, que dicho sea de paso hay un promedio de tres por cuadra.

El tránsito es tema aparte. No puede explicarse el caos, pero voy a intentarlo.
Practicamente no existe el automóvil privado, las calles están invadidas por colectivos antiquísimos -son Dodge de al menos cincuenta años atrás- taxis por lo general de color blanco, sin banderilla, por lo que uno se entera si está ocupado o no apenas lo tiene encima, como no tienen reloj es necesario arreglar el precio con el chofer “antes” de iniciar el viaje, el precio promedio es de Bs 10. Y lo más extraño de todo: combis que hacen un recorrido más o menos fijo; aparte del chofer hay un acompañante asomado en la puerta corrediza por la que suben los pasajeros voceando los distintos destinos y el costo  del viaje a cada uno. Paran en cualquier parte, incluso en el medio de la calle, y uno debe subirse a ellos como pueda, esquivando a otros taxis, colectivos y combis que no hacen siquiera el amague de frenar si uno se cruza, por el contrario, tocan bocina y aceleran para pasar primero.

Todos circulan a mucha velocidad; se cruzan unos con otros; si están detenidos por el semáforo, no esperan la luz verde, avanzan en rojo sin mirar si cruza un camión o una viejita; incluso insultan a los policías de tránsito que intentan poner algo de orden -sin éxito- Esto no es una exageración, lo hizo el taxista que nos llevó a Amanda y a mi hasta el centro. Amanda miraba al taxista y me miraba a mi tratando de entender semejante absurdo, pero yo no estaba en condiciones de explicar semejante delirio y el taxista estaba por completo sacado puteando al cana. Bocinazos y más bocinazos solo porque sí, cuando hay un montón de carteles que prohíben el uso de la bocina.

Si bien se ven algunas pintadas, la ciudad y los frentes de los edificios lucen limpios incluso en lugares un poco alejados del centro; aunque hay muchas edificaciones en muy mal estado. Otra cosa sorprendente es la cantidad de cables que cruzan las calles, forman marañas de unos veinte centímetros de diámetro, yendo de aquí a allá a los largo de toda la cuadra. Me sorprendió la limpieza que se ve en general en la zona del centro y los alrededores, los parques están cuidados y no vi una sola porquería de perro en las veredas. Por supuesto los monumentos y fuentes (hay muy pocas de ellas) están impecables.
Algo que al principio me dio temor: está lleno de lustrabotas, pero todos con las caras tapadas con pasamontañas al mejor estilo Subcomandante Marcos. Los pocos limpiautos que vi están ocultos del mismo modo; pero éstos no limpian los parabrisas de prepo, se acercan al auto y preguntan si quieren que lo limpien, si les dicen que no pasan a otro coche.

En La Paz conviven rascacielos de vidrio junto a casas de alto de 1870 a punto de derrumbarse; un oligarca vestido con un traje muy caro con un chabón al mejor estilo piquetero argentino que le está lustrando los zapatos de u$s 300; Restaurantes caros (para el boliviano promedio) con una chola que vende empanadas en un puestito en la vereda del restaurante. Cientos de policías con pibes que dan el target del tumbita. Una ciudad donde está Burger King, pero a McDonalds se le prohíbe funcionar.

La Paz es una ciudad de extremos. Como digo al principio se la ama o se la odia; es una ciudad en la que parecen ocurrir millones de cosas al mismo tiempo, y de hecho ocurren, donde la gente tiene el aspecto de aquel a quien no le interesa el prójimo en lo más mínimo. Una especie de Buenos Aires desquiciada que te obliga a seguir su propia música o te pasa por encima.

Una respuesta para “Algunas cosas sobre La Paz”

  1. horacio escribió

    Me alegra Dani la estés pasando excelente. Tus relatos hacen viajar la imaginación. Muy bueno un abrazo Horacio

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