Intermezzo
Publicado por Daniel Battiston en 30/10/2008
No creo en el destino. No creo en las casualidades. No soy un tipo fatalista que confía en forma ciega que todo está escrito.
Creo en el azar. Creo que las cosas nos ocurren porqué sí. Somos piezas de un juego caprichoso sobre el que no tenemos control, ni tampoco conocemos sus reglas.
¿Me puse místico? No.
¿A que viene todo lo anterior? A algo que comenzó a ocurrir ayer miércoles a eso de las 9,30 en Copacabana.
Caminaba cargando las mochilas mientras buscaba un bus que me trajera a La Paz, encontré uno que estaba por partir en media hora. Me acerco y me dicen que tienen lugar, que parten a las diez, que el pasaje cuesta Bs 15.
-Deme uno, digo.
-¿Donde quieres? -Me muestra una planilla donde aparecen los asientos, los que están vendidos aparecen marcados- ¿pasillo? ¿ventanilla? ¿más atrás, o al medio?
En verdad no sabía que elegir, cualquiera me daba lo mismo. Veo al asiento 17 del lado del pasillo libre. Y coloco un dedo sobre él.
-Éste.
Por supuesto que podría haber elegido ese como cualquier otro. No se si fue mi vértigo que me llevó a elegir el pasillo; o tal vez el número 17 que me atrajo; o simple azar. El asiento vecino del lado de la ventanilla, el 18, ya estaba vendido.
Mientras esperaba a que el ómnibus partiera, traté de imaginar a mi compañero de viaje: pensé en una chola gorda que ocuparía su asiento y parte del mío; o bien en un flaco amargo y en apariencia mudo, como al que tuve en el trayecto Uyuni – Oruro; o quizás otra alemana amarga que no hablaba castellano, como le del trayecto Uyuni – La Paz. Cuando el bus partió pensé en que allí había algo mal, el asiento estaba desocupado.
A todo esto en el pasillo justo a mi lado, una chola no sabía si ir para adelante o para atrás, se quedaba en el medio del pasillo sin hacer ningún amague de nada; mientras tanto desde adelante alguien le gritaba que debía sentarse adelante, pero ella parecía no entender o no escuchar y pretendía sentarse en el angostísimo pasillo. Mientras tanto el bus había arrancado, hace dos cuadras, para y comienza a subir más gente. Mientras tanto la chola continúa sin saber que hacer.
Entonces la veo. Subió en la segunda parada, y caminó hasta donde yo estaba intentando saltear a la chola. Mira los números de los asientos y me pide permiso para sentarse en el asiento 18, justo a mi lado. Pero ni ella ni yo podíamos movernos con facilidad gracias a la chola que continuaba empacada entre nosotros. Decido pasarme junto a la ventanilla y dejarle a ella el asiento sobre el pasillo, algo que no le molestó.
Luego, ya no nos decimos nada. La miro de reojo y me convenzo que es dueña de una belleza extraña, exótica, incluso me habló con un acento que al principio no logré identificar, pero que la volvía más atractiva aún.
Cuando el bus ya está en marcha otra vez, me pregunta si soy argentino. Ella se llama Amanda y es de San Pablo; llegó a Copacabana desde Perú y ahora se dirige hacia La Paz donde estará hasta el viernes, de regreso a San Pablo. Entonces supe que no me equivoqué al cambiar de planes y decidir quedarme hasta el viernes en La Paz antes de regresar.
Casi no dejamos de hablar en todo el viaje. Ella es una escritora frustada demasiado hundida en la rutina de su trabajo -es geóloga y trabaja sobre prospecciones de oro en el Amazonas- tenemos gustos musicales y literarios parecidos. Y ya entonces pensaba que es la mujer perfecta.
Llegamos al cementerio, desde donde llegan y parten todos los buses a Copacabana, y viajamos en taxi juntos hasta la Plaza Murillo. Y aquí se acabó la magia: ella me acompaña hasta el hostel donde yo tenía reserva y ella va hacia donde tenía la suya. Me promete que pasará a buscarme; no digo nada, prefiero callar a decirle que no le creo.
Breve pausa: que quede bien en claro que me entusiasma visitar museos, pero siempre y cuando uno tenga ganas de hacerlo. Hago esta aclaración para que no se malinterprete lo que sigue.
Me acomodo en mi pieza y me pego una ducha, todo sin dejar de pensar en Amanda. Luego salgo a caminar las calles de La Paz -pero de esto es algo que contaré en otro post- Visité la Iglesia de San Francisco y luego decidí ir hasta la Plaza Murillo. Dos cuadras antes de llegar a la plaza nos volvemos a encontrar.
Y así como el azar nos llevo a compartir dos asientos juntos en el bus, también nos llevó a cruzarnos en medio de una ciudad tan enloquecida como Buenos Aires.
Y me pide que la acompañe a almorzar a un Burger King.
Ahora bien: que yo vaya a “almorzar” a las cuatro de la tarde una hamburguesa a Burguer; que visite dos veces la misma iglesia (la de San Francisco) en la misma tarde, que acepte pasear por una ciudad con el tránsito más endemoniado del mundo, que después de todo eso le diga con una sonrisa que me encantaría ir con ella al Museo Nacional de Arte, que después sigamos juntos paseando por la calle Mercado, una especie de peatonal San Martín boliviana, que continúe con ella cruzando la Plaza Murillo como si caminara flotando a diez centímetros del suelo, y luego la acompañe al hostel donde se hospeda, y tomemos una cerveza juntos en el bar del hostel, y que me pida que la próxima noche vaya a buscarla, y que el beso con que nos despedimos sea imposible de contar; todo eso significa una sola cosa.
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Alejandra escribió
Hola Dani!!!!!!
Al fin pude ver tu blog del viaje, esta buenisimo!!!!! Nos encanto!!!!! Aca estamos con Miriam leyendo todo y nos emocionamos con la historia de Amanda….es de telenovela!!!!! Falta el final!!!! Espero que siga , mira cuando cuentes en tu proximo blog que te fuiste de vacaciones a las playas de San Pablo con tu garota…..ahi si nos morimos, que vos vallas a la playa es TOOO MUCHH!!!! Porfi segui escribiendo que seguimos tu viaje, mucho no pudimos leer porque nos quemamos lo ojos (leimos lo mas interesante “la historia de Amanda”) , pero voy a ver si Nico me lo puede imprimir de su compu asi lo puedo leer en casa tranquila(sabes que yo y la compu somos como vos y el gimnasio)
Te mandamos un beso enorme y es re lindo compartir este hermoso viaje con vos a travez de la distancia.
ALE.
Pame escribió
aaawww….
solo…..
awwwwwwww…….