Chachapoyas

Hay un único modo de llegar a Chachapoyas desde Cajamarca: en ómnibus con  la empresa Movil Tours.
El ómnibus, en realidad un pequeño bus algo más grande que una combi, con asientos incómodos y sucios, sale a las 6 am, y tras doce horas de viaje llega a destino. El problema no es el tiempo, lo verdaderamente brutal es el camino.
Durante más de diez horas el bus recorre un camino de cornisa consolidado, donde en demasiados tramos apenas hay espacio para que pueda circular un único vehículo en una sola dirección. Un constante girar y retorcerse entre la ladera de la montaña y, literalmente, el abismo.
Y cuando digo abismo me refiero a caídas de unos trecientos metros o más. Un viaje no apto para cardíacos, y que tiene demasiado parecido con el camino de la muerte en Bolivia

La llegada, poco antes de las 18, es en el paradero de la empresa a unas ocho cuadras del centro, por lo que lo mejor es caminar. Si uno se decide llegar en taxi, éste cuesta unos s/2.
Chachapoyas es algo así como la joya oculta del Perú turístico. Una pequeña localidad de unos 35000 habitantes a las puertas del Amazonas peruano, y que aún no ha sido descubierta por el gran turismo europeo. Centro de la cultura chachapoya, fue primero conquistada por el imperio inca en su periodo de expansión, en la primera mitad del siglo XV; y luego definitivamente arrasada por la conquista española. De acuerdo a un hallazgo realizado en la fortaleza de Kuélap hace unos pocos años atrás, se cree que los últimos 90 chachapoyas fueron masacrados por los españolas en 1572.
Lo de masacrados es literal: el equipo de antropólogos forenses que estudió los cuerpos determino que fueron golpeados de un modo brutal y luego prendidos fuego, incluso muchos de ellos estaban vivos al momento de quemarlos.

Pero volvamos a la ciudad de Chachapoyas. Es pequeña, con la belleza que otorga la sencillez de un poblado colonial que todavía no se ha contaminado con la locura de la vida moderna. Un buen ejemplo es algo que me dijo una persona del lugar: Chachapoyas no es como el resto del Perú, aquí no hay delincuencia.
El legado arqueológico del pueblo Chachapoya, del cual todavía existen demasiadas zonas oscuras, son en esencia las ruinas de la fortaleza de Kuélap, un complejo militar-civil que comenzó a excavarse hace apenas unos diez años, y del cual ya se sabe que es más extenso que Machu Picchu, y por lo poco que en este momento se puede ver, mejor conservado.

La ciudad todavía mantiene el un ritmo de vida lento, distendido, como si allí los relojes avanzaran más despacio que en el resto del mundo. Cada noche después de la hora de la cena, la gente todavía sale a dar la vuelta al perro por la Plaza de Armas, despreocupadas, gozando del momento.
Lo que más me llamó la atención es que la gente de la zona tiene una dieta más carnívora que en el resto del país, hay una gran cantidad de parrillas -sí o sí hay que comer en La Tushpa- aunque siempre todos los platos son acompañados por el infaltable arroz blanco, que dicho sea de paso, ya empecé a odiar.
Pero Chachapoyas no es sólo Kuélap, en los alrededores existen una enorme cantidad de sitios arqueológicos por visitar, como pueden ser la Laguna de los Cóndores o el Pueblo de los Muertos.
Pero un lugar que no puede ser pasado por alto son las Cataratas de Gocta: una cascada compuesta de dos saltos consecutivos que suman 771 metros de altura, y la convierten en el tercer salto de agua más alto del mundo.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s