Ruta Cero

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viajando se conoce gente

Esquel parte 3 – Lo que me llevo

Haciendo tiempo en un ciber mientros aguardo a que la tarde muera y llegue la noche. A las 22,30 parto hacia Puerto Madryn, un día antes de lo pensado.
Luego de almorzar en el hostel -tortilla de papas, y yogurt con cereales- nada más me tiré en el living de la planta alta a escuchar a Peter Hammil, la música ideal para esta tarde luviosa y tibia. Después salir a dar una vuelta por Esquel y dejar que la ciudad me invada a través de mi mirada, mis dedos, mi nariz.

Me gusta Esquel. Me gusta si vivir silencioso. Me gusta llegar a una esquina y que cada automóvil que se acerca frene y me permita cruzar primero; me gusta caminar por calles limpias pobladas de un susurro leve, más cercano al de un campo poblado de pájaros que a una ciudad viva. Me agrada caminar una ciudad donde puedo ver tantas viejas casas de 1920 en pie y tan bien cuidadas como recién construidas; y tantas casas nuevas que siguen el estilo de las primeras. Me gusta caminarla bajo la lluvia leve de esta tarde. Me gustar tener el gozo de poder caminar tarde por la noche sin tener el impulso de mirar a mis espaldas.

Voy a extrañar tanta gente amable y simple.
Quizás lo anterior suene pobre como elogio, pero es así como los percibo. Cuando digo gente simple digo, también, gente pura, personas limpias. Veo a Esquel como una ciudad en la que podría vivir.

Me gusta Esquel. Y me llevo, como un ladrón, un trozo de ella escondido bajo mi piel.

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Escapando de la lluvia

Hoy a las ocho de la mañana tenía planeado salir hacia Villa Futalaufquen, en el Parque Nacional Los Alerces, y volver en el ómnibus de la tarde (19,30 hs.)
Pero estoy aquí, en Esquel, a la vuelta del hostel escribiendo este post. La lluvia vuelve a colgar sobre mi cabeza como una especie de sino. Me gustan los días lluviosos, pero no son los mejores para hacer trekking, pasear, tirarse a la orilla de un lago dejando que el tiempo pase a mi lado y no llegue siquiera a rozarme.

Quiero disfrutar del aire libre, tibio, con el sol colgando sobre mi cabeza.

Esta noche parto hacia el este, hacia el mar, hacia Puerto Madryn.

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Esquel parte 2 – Viejo Expreso Patagónico

Viejo Expreso Patagónico es el nombre oficial de La Trochita, un tren de trocha económica (es más angosta que la trocha angosta, sólo tiene 75 centímetros entre los rieles). El ramal unía originalmente las localidades de Esquel e Ingeniero Jacobacci en la provincia de Río Negro; y su uso original era poder comunicar las localidades de la Patagonia Andina con los puertos de Buenos Aires y Bahía Blanca en la década de 1920. El ramal de casi 400 km es el más extenso del mundo para un tren de este tipo.

El trayecto turístico une Esquel con Nahuel Pan, una estación donde viven unas treinta familias mapuches. En rigor, en la estación viven solo cinco familias, el resto explota los campos aledaños, su principal actividad es la cría de ovejas.

El viaje ida y vuelta más el tiempo que se permanece en Nahuel Pan, para que la locomotora cambie de lado, es de unas dos horas y media. Si bien es un paseo corto es inolvidable, por los paisajes vistos desde el tren como por la posibilidad de estar en contacto con auténticas familias originarias de la región.
Las casas de la estación fueron originalmente construidas para los empleados del ferrocarril con los durmientes que se utilizaban en el tendido de las vías, y ahora, unos noventa años después, parecen nuevos.

El viaje completo entre Esquel e Ingeniero Jacobacci era de entre doce y veinte horas según el estado de las vías, llegando a las cuarenta si en invierno se acumulaba mucha nieve. No quiero imaginar lo que sería estar un día y medio viajando en esos asientos.
Todos los vagones tienen una salamandra que funcionaba a leña, en ellas los pasajeros cocinaban la comida que consumirían en el viaje. Muchas veces, si el  viaje se demoraba demasiado, el tren comenzaba a andar a paso de hombre para que los pasajeros pudieran bajar a juntar leña y regresar al tren.

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Esquel parte 1 – Primera tarde

¿Cómo contar a Esquel?
No podría hacerlo por completo. Es una ciudad calma, como si aquí el tiempo transcurriera más lento. Como en todos los lugares en los que estuve hasta ahora, me siguen sorprendiendo dos hechos: una cierta limpieza en las calles, y que cada vez quealguien cruza la calle todos los autos te ceden el paso.

Mi primera tarde en Esquel transcurrió sin nada excepcional por contar. Recién hoy he empezado a conocer lugares, pero eso va en los próximos dos posts.

La primera de las fotos se refiere a un plebiscito realizado en la ciudad para decidir la instalación de una mina de oro en la zona. La explotación la realizaría una empresa extranjera que  se llevaría el oro y el dinero generado por la explotación, y dejaría a la gente de Esquel con las napas de agua y el terreno contaminado con cianuro.
Por supuesto, la mina no pudo ser instalada.

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Mitad del viaje – De El Bolsón a Esquel

Todo viaje en el mundo real es una metáfora del viaje interior.
Las nubes regrasaron esta mañana sobre el pueblo, como si se negaran a dejarme luego de tres días de mal tiempo. El Bolsón amaneció quieto, en silencio, un reflejo de mi estado de ánimo.
La primera semana de viaje se escurrión entre mis dedos casi sin darme cuenta. Sigo camino al sur. No puedo detenerme, los pies me llevan sin descanso.

Más tarde.
Devoro kilómetros en mi camino a Esquel. La ruta se despliega en curvas y el paisaje se ondula en lomas cubiertas de pastos amarillos y duros. Mientras tanto los cerros nevados están cada vez un poco más lejos.

Más tarde.
A mi derecha estalla un cordón de cerros cubiertos de nieve hasta la base, a unos quinientos metros de la ruta.
El paisaje cambia descontrolado, aquello que veo ahora será reemplazado por lo que creí dejar treinta kilómetros atrás. Pero regresa para recoradrme que la estepa estuvo aquí durante eras, y permanecerá estoica a través de los siglos.

Más tarde.
Poco menos de una hora para Esquel. Estoy escuchando a Jethro Tull.
A mi izquierda el desierto devora voluntades, seca sueños, se fosiliza en mis pupilas. A la derecha, las montañas nevadas simplemente son, me hablan de la eternidad, círculos girando dentro dentro de círculos.
La ruta se retuerce demente en busca de un sendero entre las lomas que anuncian la meseta patagónica.

Más tarde.
Ascendemos. Hacia el sur los cerros esperan. Se abren de lado a lado de la ruta. Me pienso devorado por esas rocas negras y antiguas.

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Menos cinco días

Estoy a cinco días de salir a la ruta otra vez. Y puedo decir que ya tengo armado el viaje en un 80%, el 20% que resta lo dejo en manos del azar, siempre es bueno tener un margen para improvisar.

Primero: ¿Cómo viajo?
Salgo el próximo sábado 17 a las 19,30 por Vía Bariloche. Ómnibus directo desde Mar del Plata a Bariloche. El costo del pasaje no es descabellado, $310 (u$s80,50). Y en este punto tengo algunas dudas. El trayecto es de unos 1400 km, coche cama, con servicio a bordo y hay dos paradas, una para desayunar en Villa Regina y otra para almorzar en Piedra del Águila. El trayecto de Mar del Plata a Buenos Aires es de 400 km, en un ómnibus semicama, y con la única atención de dos alfajores de calidad dudosa, tiene un costo de entre $80 y $100 (u$s20,80 a u$s25,95). No hay relación posible entre uno y otro trayecto.

Nota: tomo una equivalencia de $3.85 por cada dólar.

Segundo: ¿Qué voy a cargar?

  • Dos mochilas. Una grande de 65 litros para llevar la ropa, y otra chica para cargar conmigo las cosas básicas para moverme.
  • Un bloc de notas y varias lapiceras. No puedo dejar de lado mi obsesión por la escritura.
  • Una cámara de fotos. La fiel Kodak c533 puede parecer modesta, pero los resultados son muy buenos, pueden comprobarlo con las fotos de Bolivia en este blog. O bien mirando acá, o también acá (los enlaces se abren en una nueva ventana).
  • Para las horas muertas en la ruta: un libro, tengo que decidir entre Juntacadáveres de Onetti, y La conjura de los necios de John Kennedy Toole. También un MP4 cargado con más de treinta CD´s.
  • El ímpetu de escribir un mejor diario de viajes. El anterior, a Bolivia, no me satisfizo por completo.

Tercero: Alojamiento
Encontrar hostel en Bariloche fue sencillo. Pude reservar en aquel que quería.
Los problemas surgieron con mis otros destinos. En Esquel y Puerto Madryn todavía no tengo lugar seguro donde parar; en El Bolsón la cosa se complico.
En un primer momento pensé alojarme en la casa de algún coucher, pero para la fecha en que estaré llegando todos ya tenían el lugar comprometido; la excepción fue Fede, pero por algunos problemas personales me pidió que me contactara en una fecha próxima a mi llegada, aunque no me daba seguridad de poder alojarme. Mientras tanto empiezo a buscar hostel y casi todos estaban completos. Pero cuando me encontraba casi desahuciado encontré un hostel céntrico a tres cuadras de la Plaza Pagano.

Sospecho que las dificultades para encontrar alojamiento se deben a que muchos pospusieron sus vacaciones de invierno por la epidemia de gripe A, y ahora, más cerca del verano se lanzan a viajar.
Otra razón posible: en el sur están en temporada baja y los precios deberían ser menores que en invierno.

Restan sólo cinco días para salir a la ruta. El próximo post lo escribiré desde Bariloche.

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