
El Nahuel Huapi
Desde anoche que llueve como si ya no quedaran posibilidades de hacerlo. Bariloche me despide tormentoso y frío. Estoy sentado frente a una de las ventanas de la recepción del hostel, frente a un lago de color gris plomo que se diluye en nubes bajas y se funde con los cerros de la otra orilla hasta desaparecer en la nada nacida de la lluvia.
Fueron tres días al borde del infarto, en especial tras los 15 km de trakking en Villa La Angostura, pero que disfruté como pocas veces lo hice en cualquier viaje. Disfruté de la ciudad y del hostel, donde todos me lograron que me sienta como en mi casa y nunca como alguien de paso. Mención super especial a Ailin, la chica que estaba en la recepción la tarde en que llegué: simpática y 100% dispuesta a asesorarte en todo lo que uno quisiera hacer.
Bariloche ya comienza a tener las cosas feas de una ciudad grande: mucho tránsito y algo de mugre en las calles, en especialenlas zonas que se alejan del centro. Pero todavía mantiene las buenas de un pueblo y que son aquellas que te permiten disfrutarla: nadie toca bocina en la calle, no hay autos estacionados en doble fila ni tampoco enlas paradas de colectivos, me sentí seguro caminando muy tarde por la noche fuera del centro -el hostel en el que estoy se encuentra a unas cinco cuadras de lCentro Cívico-, y sobre todo la buena atención que tienen todos con el turista.
Esto último no pued evitar compararlo con la ciudad en la que vivo, que también tiene un movimiento turístico. En Mar del Plata pareciera que los turistas molestaran y en muchos lugares la atención es pésima, en Bariloche noté que todos somos bienvenidos.
La mejor nota, hasta hoy, se la sigue llevando Villa La Angostura. Un lugar del cual no dan ganas de irse. Y no solo por los paisajes y la calma del pueblo, también por la gente. Encontrarme caminando por cualquier lado y cruzarme con gente que me saludaba como si fuésemos viejos conocidos me hizo sentir parte del lugar, nunca un extraño que iba a robarles sus paisajes cámara de fotos en mano.
En dos horas salgo para El Bolsón. Sigo viaje, no puedo detenerme.
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