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Bariloche parte 4 – Últimas imágenes

El Nahuel Huapi

El Nahuel Huapi

Desde anoche que llueve como si ya no quedaran posibilidades de hacerlo. Bariloche me despide tormentoso y frío. Estoy sentado frente a una de las ventanas de la recepción del hostel, frente a un lago de color gris plomo que se diluye en nubes bajas y se funde con los cerros de la otra orilla hasta desaparecer en la nada nacida de la lluvia.

Fueron tres días al borde del infarto, en especial tras los 15 km de trakking en Villa La Angostura, pero que disfruté como pocas veces lo hice en cualquier viaje. Disfruté de la ciudad y del hostel, donde todos me lograron que me sienta como en mi casa y nunca como alguien de paso. Mención super especial a Ailin, la chica que estaba en la recepción la tarde en que llegué: simpática y 100% dispuesta a asesorarte en todo lo que uno quisiera hacer.

Bariloche ya comienza a tener las cosas feas de una ciudad grande: mucho tránsito y algo de mugre en las calles, en especialenlas zonas que se alejan del centro. Pero todavía mantiene las buenas de un pueblo y que son aquellas que te permiten disfrutarla: nadie toca bocina en la calle, no hay autos estacionados en doble fila ni tampoco enlas paradas de colectivos, me sentí seguro caminando muy tarde por la noche fuera del centro -el hostel en el que estoy se encuentra a unas cinco cuadras de lCentro Cívico-, y sobre todo la buena atención que tienen todos con el turista.
Esto último no pued evitar compararlo con la ciudad en la que vivo, que también tiene un movimiento turístico. En Mar del Plata pareciera que los turistas molestaran y en muchos lugares la atención es pésima, en Bariloche noté que todos somos bienvenidos.

La mejor nota, hasta hoy, se la sigue llevando Villa La Angostura. Un lugar del cual no dan ganas de irse. Y no solo por los paisajes y la calma del pueblo, también por la gente. Encontrarme caminando por cualquier lado y cruzarme con gente que me saludaba como si fuésemos viejos conocidos me hizo sentir parte del lugar, nunca un extraño que iba a robarles sus paisajes cámara de fotos en mano.

En dos horas salgo para El Bolsón. Sigo viaje, no puedo detenerme.

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Villa La Angostura

Siempre que voy a viajar a un lugar que no conozco tengo por costumbre imaginar el lugar mucho antes de llegar a él. A veces termino desilucionado; otras, no. Villa La Angostura no me desilucionó en nada, es más, puedo decir que es un lugar mas bello que lo que imaginé.
Llegué desde Bariloche poco antes del mediodía; después de pasar por la oficina de turismo -a la vuelta de la terminal de ómnibus- decidí caminar hasta Lago Correntoso. Hay que tomar por la avenida Siete Lagos, la que luego se transforma en la ruta que llega a Chile. Luego de unos tres kilómetros está la posibilidad de seguir por la ruta hasta la desembocadura del Río Correntoso, y desde allí bordear las playas de arena negra del lago del mismo nombre, la otra posibilidad es tomar el desvío hacia el mirador del lago. Elegí la segunda.

Es una caminata de unos 500 metros cuesta arriba hasta el mirador, desde donde se tiene una vista espectacular del lago. Desde ahí tomé el sendero de tierra que baja a la playa. Mi único impulso fue recostarme sobre la arena de color negro y nada más mirar al lago de aguas tibias, las montañas cubiertas de nieva, la nada; extraviarme en ese paisaje silencioso, olvidado de todos. Por un momento me pensé como la única persona en el mundo: un tiempo dedicado solo a mí, nada del mundo exterior me importó en durante el tiempo que estuve allí. No se en que momento se me hacerco una perra hermosa y simpática raza puro perro, a primera vista era una cruza entre ovejero alemán y golden. Se quedó un buen rato junto a mí y me terminó siguiendo en mi caminata hasta el Río Correntoso.

El Correntoso nace a unos quinientos metros de la playa, une el Lago Correntoso con el Nahuel Huapi, y es el río más corto del mundo: desde su nacimiento hasta la desembocadura no recorre más de trescientos metros. En su nacimiento hay un puente de madera que une ambas orillas y permite llegar a Puerto Pehuen, una playa casi escondida sobre el lago.

Caminé por la orilla todo el recorrido del río hasta el Nahuel Huapi, y desde ahí regresé a Villa La Angostura. Mejor dicho al centro de la villa.

Intermezo: aquí hice mi gran excepción al viaje me fui del presupuesto planeado por completo, pero valió la pena. El almuerzo fueron sorrentinos de trucha en salsa de hongos. Una exquisitez.

Sigo viaje. Tomo el camino contrario de la mañana: hacia el puerto, y el Parque Nacional Los Arrayanes.
El recorrido es de unos 2,5 km entre subidas y bajadas capaces de matar al más entrenado, mi primer lugar a visitar es la Capilla de la Anunciación, diseñada por Alejandro Bustillo. Es una pequeña, muy pequeña, capilla cercana al puerto. Quizás su simpleza es lo que la hace bella. Desde allí llegué a Bahía Mansa y poco más allá a Bahía Brava. En la segunda la playa, como en el Lago Correntoso, está cubierta de arena negra.

Después, por supuesto, el obligado paso por el irsmo de Qetrihué y el camino a través de la península del mismo nombre, en el Parque Nacional Los Arrayanes. No pude realizar el recorrido completo, apenas poco más de un kilómetro, ya que me quedaba muy poco tiempo como para regresar al centro y tomar el micro de vuelta a Bariloche.
¿Qué puedo decir de la Península de Quetrihué? Bueno, es difícil describir el camino a través del bosque vírgen en completo silencio, salvo mis propios pasos y el sonido de los pájaros carpinteros que viven en el bosque. Un paseo del que no voy a olvidar en mi vida.

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